Conocemos el tipo de piel que tenemos. Sabemos si nuestro pelo es liso, rizado, fino o grueso. Incluso aprendemos a identificar si es seco, graso o si necesita más hidratación.
Pero muchas veces olvidamos conocer una parte fundamental: nuestro cuero cabelludo.
El cuero cabelludo es piel. Y como cualquier otra zona del cuerpo, tiene características, necesidades y condiciones propias. Puede ser sensible, graso, seco, reactivo o estar desequilibrado.
Y muchas de las cosas que vemos en el pelo —exceso de grasa, resequedad, falta de brillo o incluso algunas formas de caída— pueden estar relacionadas con lo que está ocurriendo en el cuero cabelludo.
Por eso, entender cómo está esta zona es un paso importante para comprender por qué nuestro pelo se comporta de cierta manera y qué tipo de cuidado necesita.
Porque cuando hablamos de salud capilar, la conversación no empieza en el pelo. Empieza en el cuero cabelludo.