Cuando pensamos en el cuidado de la piel solemos pensar en rutinas, productos y tratamientos. Pero hay un factor igual de importante que muchas veces pasamos por alto: el sueño.
Mientras dormimos, la piel entra en un proceso natural de renovación. Durante la noche se activan mecanismos que ayudan a reparar los efectos del estrés, la exposición ambiental y el paso del día.
Por eso, la calidad del descanso también influye en cómo se ve y se siente la piel. La falta de sueño puede afectar su luminosidad, su equilibrio y su capacidad de recuperación.
El skincare no se limita solo a lo que aplicamos sobre la piel. También tiene que ver con los hábitos que la acompañan. Y entre ellos, dormir bien sigue siendo uno de los más importantes.